Coronación de la Virgen por la Trinidad (fragmento)
Anónimo
Óleo sobre tela
125 x 102 cm
Siglo XVIII
Durante el periodo colonial era usual recortar las pinturas por diversos motivos. Por ejemplo, si las imágenes sufrían daños, se seleccionaban los fragmentos que se habían salvado y se desechaban los sobrantes, mientras que en ocasiones se cortaban para hacer énfasis en algún símbolo o personaje prescindiendo del resto de la composición iconográfica.
Esta costumbre colonial de intervenir las imágenes se puede apreciar en la presente obra que corresponde a un fragmento de la coronación de la Virgen, motivo iconográfico que se difundió ampliamente a partir del siglo XV.
De estar completa, en esta pintura se observaría a la Trinidad (representada individualmente por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) otorgándole a María la corona que la identifica como reina de todo lo creado. Sin embargo, al estar recortada, solo se observan parte de los cuerpos del Padre y el Hijo quienes reposan sobre nubes mientras extienden sus manos hacia la cabeza de la Virgen, que se encuentra ataviada con una túnica con ornamentos dorados y está sostenida por cuatro ángeles.
La narración de la Coronación corresponde al ciclo de la vida de la Virgen y ocurre justo después de su Asunción al Cielo en cuerpo y alma. La historia tiene origen en textos apócrifos atribuidos a Melitón (siglo II d. C), obispo de la antigua ciudad de Sardes (Asia Menor) y fue difundida por Gregorio de Tours (538 - 594) y por personajes como Santiago de la Vorágine (Ca. 1230-Ca.1298) en su Leyenda dorada y el jesuita Pedro de Ribadeneyra (1527-1611), autor de la obra Flos sanctorum.